A ciencia cierta

Luisa Morales Vélez 

 La opinión: una potencia formada por la audacia de algunos y la cobardía de los demás.

Costa de Beauregard

En una labor en la que todos los días le cuentas a la gente como está el mundo, el conocimiento de muchos termina dependiendo de tu pequeña pluma y tu pequeño punto de vista. La opinión, algo tan relativo y particular como cada ser humano, se convierte en el ojo a través del cual muchos tienen que mirar. Por tanto, ese carácter subjetivo que entraña el ejercicio del criterio, el estilo y el tono que deben permear cualquier reflexión debe estar siempre guiado por la razón, fundamentado en la verdad de los argumentos y alimentado por la convicción.

En un sentido amplio se llama opinión a cualquier aserto, juicio o posición mental; mientras que la definición en términos filosóficos de la palabra nos remite a conceptos tan diversos como lo son las opiniones en sí mismas. Para Platón por ejemplo, la opinión es una de las formas de conocimiento, fundamentado en la percepción, relacionado con lo tangible, con el Mundo Sensible, y a su vez, tiene dos formas: conjetura y la creencia[1]. La conjetura, es el conocimiento que tenemos de las cosas cuando vemos sus sombras o reflejos, es un tipo de conocimiento a priori; la creencia en cambio, es el conocimiento que tenemos de las cosas cuando las percibimos directamente y nos formamos un juicio de ellas, se constituye pues, en un juicio a posteriori.

  En cambio para otros como Voltaire, la opinión no es más que una forma primitiva y anterior a la razón de las convicciones sobre el mundo, propia de los pueblos no civilizados: “Llaman a la opinión «reina del mundo», y lo es de tal modo, que cuando la razón pelea contra ella para destruirla, la razón queda sentenciada a muerte”[2]. Sin ofender a Voltaire, creo que no se puede hablar de opinión sin pasar primero por la razón, ya que si bien la idea es que por medio de los propios razonamientos los lectores puedan hacerse algo más que una simple conjetura, dichos razonamientos sólo pueden ser válidos si son verdaderas las premisas que los sostienen.

 Pero hablar simplemente no implica que alguien me vaya a creer y  para poner el propio criterio a los ojos de los demás, siendo conciente del poder que incluso una pequeña pluma puede ejercer, hay que sostenerla con mucha ética, seguridad y limpieza en la conciencia. No hay que olvidar sin embargo que no hay una opinión correcta, sino muchas de ellas, y por tanto, en esto no puede hablarse de ciencias ciertas ni exactas.  Pero al menos hay que saber que no se trata sólo de hablar por hablar, sino de informar, de lograr que quienes me escuchen perciban algo más que sólo sombras, porque cuando levanto la pluma, por pequeña que sea, es porque tengo qué decir y el coraje para afrontar las consecuencias.


Published in: on marzo 13, 2008 at 1:57 pm  Comments (1)  
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One CommentDeja un comentario

  1. Lo primero que salta a la vista es una escritura llamativa, con fuerza y consistencia, que mantiene el ojo puesto en ella y en sus argumentos.
    Lo segundo, es que esa escritura es muy personal, en tanto identifica a la autora, la define en cierta manera.
    Lo tercero es que está bien afrontado el tema, pues se pidió una reflexión personal sobre el periodismo de opinión a partir de una definición.
    Buen texto. Felicitaciones.


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